La central manda su apertura permitiendo la circulación de corriente dentro de una bobina electromagnética que, creando un campo magnético, atrae una fijación que genera el spray. Considerando constantes las caracterìsticas fìsicas del combustible (viscosidad, densidad), el caudal erogado por el inyector y el salto de presión (controlado por el regulador de presión del combustible), la cantidad de combustible inyectado depende del tiempo de apertura del inyector. Dicho tiempo está determinado por la central de mando en función de las condiciones de uso del motor. De esta manera, se realiza la correcta alimentación.
El sistema de control de la mezcla aire-combustible es mandado por la sonda lambda, que comienza a operar sobre los 300°C: el material cerámico comienza a conducir iones de oxìgeno a una temperatura de aproximadamente 300 °C. Si la proporción de oxìgeno entre las dos extremidades de la sonda comienza a diferenciarse se genera una tensión eléctrica entre los dos eléctrodos a causa de la particular composición del material. Esto permite medir la diferencia de oxìgeno entre los gases de escape y el ambiente exterior. Los gases combustos del motor aún contienen una parte residual de oxìgeno cuando la mezcla aire-combustible impulsada en la cámara de explosión es incorrecta. De esta manera es posible actuar en la central electrónica que manda la inyección para que el motor funcione siempre con la mezcla optimal.